miércoles, 7 de noviembre de 2012

Cuentos para dormir.


 Hoy quiero compartir con ustedes un cuento para la hora de dormir que les escribí a mis hijos para ayudarlos con sus miedos.  Espero lo disfruten.

Mariana

UNA MASCOTA MUY ESPECIAL


Margarita tenía una mascota muy especial.  Se llamaba Jacinto.  Era fabuloso, maravilloso y único.  Jacinto acompañaba a la niña hasta su cama a la hora de dormir y se quedaba con ella toda la noche.  La cuidaba, le cantaba canciones, le contaba cuentos y si se despertaba, contaban ovejitas juntos hasta que volvía a conciliar el sueño. 

Cuando la pequeña tenía pesadillas o soñaba con feos monstruos y fantasmas que se escondían debajo de su cama, Jacinto los espantaba y ahuyentaba.  Era tan poderoso que los malos sueños desaparecían mágicamente.  Su mascota era el guardián de la noche y estando con él Margarita nunca sentía miedo.

Margarita dentro de unos días cumpliría 6 años y pasaría a primer grado.  Jacinto la conocía muy bien, ya que estaba con ella desde el día en que nació cuando las hadas del bosque se lo regalaron.

Finalmente llegó el gran día de su cumpleaños!! Pero la  alegría de ese día se opacó cuando esa noche Jacinto no apareció.   Margarita lo buscó afanosamente por todo su dormitorio.  Debajo de la cama, dentro del placard, en el cajón de los juguetes, entre su ropa, atrás de la cortina (porque a veces le gustaba esconderse para jugar al cuarto oscuro), pero no estaba en ninguna parte.

-Jacinto- dijo Margarita – sal de una buena vez, no me hagas bromas!!  Por favor, aparece, que ya es la hora de dormir, tengo sueño y te necesito para que me acompañes.  Si no estas conmigo tengo miedo y no puedo dormir.

A pesar de los ruegos de la niña, la mascota no apareció.  La niña, lloró y lloró, estaba muy triste hasta que finalmente se durmió. 
 
Misteriosamente esa noche, la de su cumpleaños, no se despertó ni tuvo pesadillas.

Al día siguiente Margarita junto con su mamá recorrieron todo el barrio buscando a su amigo.  Fueron al supermercado, al video, a la farmacia, al quiosco de Jorge.  La niña recorrió la cuadra entera en bicicleta y preguntó casa por casa a todos los vecinos… y nada.

-Mami ¿ me ayudás a hacer un cartel bien bonito avisando que se perdió Jacinto? y lo pondré en todos los negocios! dijo Margarita

La niña buscó entre sus cosas un hermoso papel rosa, sacó sus lápices de colores y con ayuda de su mamá escribió:

SE PERDIÓ JACINTO, MI MASCOTA.  ES UN SER MUY ESPECIAL Y ÚNICO.  LO EXTRAÑO.  SI ALGUIEN LO VIÓ POR FAVOR AVISENME.
JACINTO ES MUY BUENO.  NO LE TENGAN MIEDO A PESAR DE SER UN DINOSAURIO DE VERDAD.

Y con sumo cuidado firmó con su nombre debajo: MARGARITA

  
Hizo varias copias y las repartió por todos lados. 

Pasó un tiempo y una noche cuando la niña dormía apareció Jacinto en su cuarto.  Se le acercó a la cama y con mucho cariño le sopló con delicadeza los pelitos de la frente y le dio un beso. 

Margarita se despertó sobresaltada, pero al ver que era Jacinto se puso muy feliz y se le colgó de su gigante cuello para abrazarlo, mientras lo reprendía diciéndole:

-Amigo, ¿dónde haz estado? Estaba preocupada!! Te extrañé mucho!

Pero Jacinto la interrumpió y le dijo: -Mira

La niña miró a su alrededor y no podía creer lo que estaba viendo.  Jacinto estaba rodeado de un montó de dinosaurios bebés.

-Estos son mis hijitos y ella es Flora, mi hermosa esposa- dijo el dinosaurio. 

-Me encanta tu familia, ahora seremos más en mi cuarto para que me acompañen en mis  sueños y de ésta forma no tendré miedo! -dijo alegre Margarita.

Pero Jacinto le contó que los guardianes de los sueños, como él, estaban para enseñarles a los niños que no debían temer a la noche.  Como Margarita ya era  grande y sabía que los monstruos y fantasmas feos no existían, su misión se había cumplido, y ya era hora de tener su propia familia de dinosaurios y continuar su tarea de guardián en otra casa.

Jacinto tenía razón, la niña ya no tenía miedo a la noche.

Así fue que Margarita despidió con un fuerte beso a Jacinto, saludó a sus hijos y esposa y se fue a dormir muy agradecida por la enseñanza de su amigo. 

Desde entonces Margarita nunca más volvió a tener miedo y se iba a su cama  muy feliz y solita.  Jacinto le dijo que cuando su mamá le diera el beso de las buenas noches también le daría otro besito pero sólo ella lo sabría.  Era el secreto de ambos.

Jacinto, junto con su familia, tenían que continuar su trabajo: enseñarles a otros niños mas pequeños que no deben tener miedo por la noche y allá fueron en busca de nuevos amigos.

Y colorin, colorado, éste cuento se ha acabado.


FIN


                
Cuentos para mis hijos- Autor: Mariana Goñi

No hay comentarios:

Publicar un comentario